miércoles, 30 de mayo de 2012

Los presidentes regalones


Así están las cosas, mientras Bill Clinton posa fotogénico con unas estrellas porno en Montecarlo, Barack Obama opta por homenajear a Bob Dylan en la Casa Blanca. Años atrás, Richard Nixon recibiría a Elvis Presley en Washington. Ocurrió en 1970. El rey del rock, frescamente, pidió cita con Nixon para que este le diera una placa de sheriff de lucha contra las drogas. Nixon, que debía estar a la moda y contentar a la juventud, se la dio, recibiendo a cambio del melenudo Elvis una Colt 45 con siete balas de plata. Un episodio irreal, dirían algunos. Pero debemos tener en cuenta la malicia de Nixon al momento de hacer las cosas. Quizá, fue un movimiento de ajedrez.

A diferencia de Nixon, Obama premió a trece norteamericanos (quizá ejemplares) además de Bob Dylan. Les otorgó, la llamada 'Medalla de la Libertad'. A Dylan, el presidente lo llamó gigante, pero el músico ni siquiera sonrió en la ceremonia y quizá por su cabeza pasaba un what the fuck I'm doing here? La 'Medalla de la Libertad', según lo oficial, es el máximo reconocimiento a un ciudadano estadounidense, alguien que ha luchado por los derechos civiles de dicho país. Para Obama, fan de Dylan, este ha hecho política desde la música. O sea, llamarlo 'héroe' no suena tan descabellado, pese a que Dylan no se quite sus lentes oscuros y no entregue para la foto ni una sonrisa de compromiso.

Lo descabellado ocurre al sur de América. En enero de este año, Evo Morales condecoró nada más y nada menos a Ronaldinho. El exponente del jogo bonito, estuvo en Bolivia y salió premiado con la 'Medalla al Mérito Deportivo' en el grado 'Forjador del Deporte'. Que en Bolivia condecoren a un brasileño es jalado de los pelos. Ronaldinho no juega en ningún equipo de Bolivia, no es nacionalizado boliviano, jamás abrió una escuela en La Paz, jamás dio una conferencia sobre cómo jugar rico y hermoso en la altura. Aquella vez, Ronaldinho estaba en Bolivia de paso. Estaba allí porque su equipo, el Flamengo iba a jugar un partido con el Real Potosí por la Copa Libertadores. Ronaldinho era un rival. Pero qué importaba. Medalla para él. Este mayo, Barack Obama recibió a los 'Angeles Galaxy', elogió a Beckham, pero ni por asomo -creo yo- se le ocurriría darle una medalla al jugador inglés. También es lejano y de ciencia ficción imaginar que la Reina Isabel II nombre Sir a Mario Testino por haber contribuido al fashionismo mundial, tomarle lindas fotos a su ex nuera Lady Di, a la actual Kate Middleton y, de yapa, por haber descubierto a Kate Moss.


Y es que acá en Sudamérica hay una fiebre, manía cariñosa, por condecorar a cualquiera que está de visita. En 2011, Alan García le entregó la 'Gran Cruz' (ojo, podría ser también el nombre para una cerveza) a Ban Ki-Moon, secretario general de Las Naciones Unidas. ¿Javier Pérez de Cuéllar fue condecorado en el extranjero cuando tenía el mismo cargo que Ban Ki-Moon? Quizá peque de mal informado, pero creo que no. Hace poco, el embajador de Francia en Lima, Jean-Jacques Beaussou le entregó a Pérez de Cuellar la Medalla Grand Vermeil, pero el acto ocurrió acá en Lima. No hubo venia del mandatario francés, sino más bien del alcalde de París, Bertrand Delanoë.

Lo más pendenciero, considero, fue que Alan condecorara a Paul McCartney, ya casi al final de su gobierno. Otra Orden del Sol en el grado Gran Cruz. ¿El Beatle merecía una medalla? En fin, la excusa fue porque es un promotor de la paz, su compromiso por perdonar la deuda externa, por la defensa del medio ambiente, por los derechos de los animales, y otras razones más. ¿Hizo algo McCartney por la tierra del Zambo Cavero, además de gritar haciéndose el criollo 'Viva el Perrú, Carrajo'? Y es que el pueblo -cada vez más loco- pidió una distinción de ese tipo. Alan García, que es recontra obediente, lo hizo. 

Bono le escribió una carta a Humala. Nadie Heredia le entregó camiseta Marca Perú a Elton John. Gene Simmons de Kiss visitó palacio de gobierno, y metió cámaras en él para su cochino reality. Todavía no hay ninguna celebridad condecorada en este gobierno y quizá no la haya nunca, pues el nacionalismo es el nacionalismo. Pero quien sabe si falta poco. Y es que damos tanto cariño que hasta Noel Gallagher se fue harto de tanto asedio y dijo que Lima olía a pescado.


En el 2007, Hugo Chávez condecoró al poeta uruguayo Mario Benedetti con la orden de Francisco de Miranda con la orden de 'Generalísimo'. No ocurrió en Caracas, sino en Montevideo. Eso pasa piola. Pero en el 2009, si se pasó de la ralla al condecorar a Muamar Gadafi con la máxima distinción venezolana: La Orden del Libertador. Y es que la amistad y la admiración son la principal causa de esta indiscriminada entrega de medallas. Así tenemos a Piñera condecorando a Vargas Llosa, que también había sido nombrado marqués por el Rey Juan Carlos de España. ¿Estos nombramientos son para tomarse en serio, son para reír o son para la foto?

En fin. La de Ronaldinho sí fue épica.

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