miércoles, 21 de diciembre de 2011

La depresión y la navidad


A inicios del mes, llamé a una de mis amigas para preguntarle si se iba a matricular en el curso de inglés que seguimos. Obviamente que estudiar en diciembre podría ser algo descabellado, puesto que la gente tiene en la agendas sus gastos navideños. No obstante, el año pasado, yo había estudiado en diciembre y hasta ahora tengo un buen recuerdo de aquella clase: Antes del examen final, celebramos un Christmas Party (o quizá se llamó Christmas Breakfast, I dunno) y el profesor de ese entonces me permitió camuflar un champán para brindar. Era claro una tremenda osadía, teniendo en cuenta que no está permitido meter licor en ningún centro de idiomas y porque la clase empezaba a las siete de mañana y terminaba a las ocho y cuarenta, o sea, los pocos que se atrevieron a brindar, llegaron un poco sazonados a sus trabajos. Pero bueno, volviendo a mi amiga, me dijo que no se iba a matricular. Tenía harta chamba y además "estás fechas me ponen depre".

A otra amiga, Vero, la navidad le llega. Dice que experimenta una recapitulación de lo que ha hecho en el año y eso le jode sobremanera. Refiere también que no puede entender que todos estén muy felices cuando por dentro se sienten horribles (sin duda, mi amiga aún no ha descubierto que el Facebook también es una suerte de eso, todos son felices y megustables). A Lourdes, otra amiga, las fiestas la llenan de nostalgia. "Cuando era chibolita todo se me hacía genial y me da pena que ya no me emocione de la misma manera", dice. A Manu -un amigo-, la navidad en cambio le trae felicidad porque se puede reír con sus viejos, con su novia, con su perro, con los vecinos, con el Papa Noel de juguete y con quien se le dé gana. A un primo -un universitario aún- la navidad no lo entristece en absoluto, más bien es el año nuevo lo que lo frustra (Se debate entre ir a la discoteca Aura, Drama y cualquier otro lugar de juerga cuyo nombre tenga varias A, como Asia, Máncora, o la playa). "Man, no saber a que fiesta ir me molesta", dice, o sea, con él, más bien con los dos varones consultados, la depresión no significa nada.

Se sabe que son las mujeres las más afectadas por estas fechas. Es un tanto raro saber que cada diciembre los suicidios incrementan en un 40%, raro porque se supone que festejamos el nacimiento de alguien, alguien que es supuestamente el hijo de Dios. En estos suicidas -e incluso en los depresivos- hay algo de terroristas, algo de Grinch, porque es como si en sus cabezas pasara la idea de atentar contra la navidad, bajarles el ánimo a la gente, gritar: Oye, no todo es champán o regalitos, también hay tristeza. Y cómo no haber tristeza e hígados malhumorados cuando la navidad ha perdido complemente el sentido. Pero en realidad, nunca lo tuvo. Hoy la gente bien informada sabe que el 25 de diciembre fue escogido estratégicamente para celebrar la llegada del salvador por caer exactamente una semana antes del año nuevo. En navidad, no hay tristeza en su forma total, sino desencanto.

Algunos sicólogos locos que han estudiado a profundidad el tema (léase, que hablan cualquier cosa) han explicado que la depresión navideña se debe a que la reunión familiar del 25 de diciembre arrastra consigo añejos problemas familiares (O sea, imagínense una navidad de los Corleone). Otros, los menos creativos, aseguran que la nieve polar entristece más y yo que vivo en el hemisferio sur me río de tal postulación. Pero, volvamos al hecho de que a la navidad se le reviente cuetes una semana antes de fin de año: La fecha impuesta, en sí, llama a la reflexión, pues es como un preámbulo al fin-inicio del calendario cíclico. O sea, a una semana antes de voltear la página, es lógico que la introspección llegue tan radiante como la estrella de Belén.

Este encuentro con el yo (lo que has hecho en el año y lo que has dejado de hacer viene a la mente como una avalancha) es usual cuando se quiere cerrar un círculo. En los cumpleaños pasa a veces, pero el hecho de que la persona agasajada sea la engreída del día, hace que la profundidad no sea tan fuerte. Y claro está, el cumplir años, a veces es símbolo de madurez, aunque algunos (algunas) se quejen de lo viejos que se hacen y he allí el desencanto. Este desencanto en la navidad es más fuerte. ¿Por qué? Debido a que esta fecha es vista como un punto de quiebre: Hace años, eras el engreído, la navidad era para ti, pero ahora eres un adulto. Darse cuenta de eso es como si Adán se descubriera calato.

Otra más de los sicólogos: "Festejar el nacimiento de Cristo, hace que la gente se encuentre con la muerte". No sean idiotas. Festejar el cíclico nacimiento de Cristo, ver que en el pesebre siempre hay un eterno niño, hace más punzante la añoranza de ya no ser un niño y ser un adulto con responsabilidades y metas por cumplir, metas que se evalúan también en ese preámbulo de fin de año. Suicidarse o hundirse no es el camino. Miren a Moe de los Simpson, cada año intenta matarse sin éxito y en la serie se ríen de él.

A mis lectores...
¡Feliz Navidad!

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Esa es mi tierra racista, así es mi Perú


Una persona a la que quiero mucho, pero que se alejó de mí pese a tanto cariño, hablaba conmigo alguna vez sobre las elecciones presidenciales, que era el tema de coyuntura en ese momento. Ella iba a votar por PPK, porque por Humala ni cagando, y recuerdo que hasta le regalé a manera de peluche político el sacrosanto PPKuy original que tanto quería. Y claro, me preguntó por quién votaría yo. Le dije que por 'El Cholo', por Alejandro Toledo, hecho por el cual recibí sus siempre sinceras palabras que descalificaban al ex presidente: "Toledo es borracho y mujeriego. Pero lo peor, es que aunque tomé etiqueta azul, siempre seguirá siendo un cholo, un pobretón. Es un acomplejado y siempre lo será y por tipos así mejor no votar". Esa persona a la que todavía quiero mucho, pero se fue de mí lado pese a tanto cariño, vivía en San Borja, casi al límite con La Victoria, distrito para el que trabaja, por lo que a menudo la fregaba diciéndole que no se crea tanto, porque era victoriana. Se mudó a Miraflores (mejor dicho, su familia lo hizo), porque entiende que mudarse allí es escalar en la clase social.

El racismo en el Perú es, para mí, muy diferente al racismo de otras partes del mundo. El racismo en el Perú no es en su mayoría dirigido al moreno o al asiático. El racismo en el Perú va dirigido al andino y por ser esta gente como el último rezago de nuestros antepasados, es un racismo que indigna. Y negar los orígenes es como negarse a uno mismo.

El Perú es el país donde nací, al que quiero mucho, pero la verdad es que es país de mierda. Si tuviera que comparar a mi país con alguna etapa de la vida, me atrevería a decir que es un adolescente que aún no se conoce a sí mismo y que se debate entre quedarse atrapado en el pasado o simplemente seguir para delante. El Perú es un chiquillo, porque vivir con el objetivo de 'mejorar la raza' (frase que se dice comúnmente cuando se quiere prole con ojos azules y cabellera blonda) es pensar con un mocoso que aún no ha descubierto sus cualidades, pero que mira que los demás ya las tienen, e imagina que ser mejor es lo mismo que ser otro.

Yo soy blanquiñoso. Y si bien mis apellidos parecen que vienen de Italia o de Francia, tengo cara de cholo. En el colegio, un amigo llamado Conrado Guerra, hablándome en joda por mi palidez, me dijo cierta vez que su color mestizo era el original del país y que yo era un intruso. En lugar de ofenderme me maté de risa. Fue la primera vez que oía decir con la mano el pecho, mi color es el original. Supongo que será la última también. Supongo que ha sido la única vez también, y es por eso que recuerdo sus palabras y su cara tan nítidamente.

El caso del artesano cusqueño Ricardo Apaza me jode sobremanera. Ver la entrevista que le hicieron por televisión me entristeció. Es horrible verlo agachar la cabeza como con vergüenza, como si hubiera hecho algo malo, como si Lima, como si Larcomar, como si UVK tuviera toda la razón. No sé como combatir el racismo en el Perú, quizá porque vivo en él, quizá porque alguna vez dije o hice cosas un poco racistas. Quizá porque el Perú es ese adolescente del que hablé antes, el inmaduro que busca identidad desesperadamente. Porque veo una carrera estúpida en el Perú por ser reconocido 'por el resto', ya se su comida, por los tejidos de alpaca, por Machu Picchu, por el pisco y por otras cosas más. Esas ganas de ser reconocidos por el mundo no está mal, pero está mal encaminada, porque el Perú es un país que aún no ha aprendido a quererse y -como dicen por allí- si no te quieres no puedes querer y tampoco pedir que te quieren los demás. Siento que no puedo cambiar la mente del peruano, como tampoco lo hice con esa persona a la que tanto quiero y que se alejó de mí, porque a la mierda el cariño. Porque, ahora que lo pienso, el Perú no es un adolescente, sino un viejo terco que piensa como chiquillo y que nunca va a madurar.

Fotografía: Eduardo Huiman

lunes, 12 de diciembre de 2011

Lindsay Lohan otra vez


En este mundo digitalizado, los hackers tienen harta chamba. Julian Assage y el grupo Anonymous hacen de las suyas dando por entregas lo confidencial. Y obviamente que el mundillo del espectáculo no está exento de esto, aunque en este lo que se persigue la información referida a celebridades, sino más bien sus imágenes más íntimas. Porque a la política se le calatea con destapes controvertidos, pero a los famosos se les desnuda físicamente. Hacerse de las últimas fotos de la díscola Lindsay Lohan fue la tarea pendiente la semana pasada los intrusos cibernéticos, hasta que al fin alguien con base en Rusia logró la hazaña. Las fotos que aparecerán todavía en la edición de enero-frebrero de Playboy, ya están en la red y parece que Hugh Hefner no ha movido ni un dedo para evitar su difusión, quizá ya resignado, quizá entendedor, de que la web es más fuerte que él. Vemos así, otra vez, a la otrora promesa de la actuación, 'vestida' (empelucada) de Marilyn, cosa que ya había hecho en 2008. Quizá el dinosaurio de Hefner aún cree que las blondas son la debilidad del mundo, así que creyó conveniente dimensionar a la Lohan a lo Monroe, no explotando así a la pelirroja natural que es Li-Lo. Algunos ya acusan de excesivo retoque en estas imágenes y piden que le devuelvan las pecas que los genios de la revista han difuminado del cuerpo de Lindsay.


miércoles, 7 de diciembre de 2011

Entrevista exclusiva con Amelia Andersdotter. La miembro más joven del parlamento europeo y que quiere cambiar el mundo

A Amelia le tomó un par de años ocupar su sitio en el Parlamento Europeo, cosa que recién ha conseguido este mes. Tenía 21 años cuando la eligieron (2009), convirtiéndose así en la parlamentaria más joven de ese organismo del viejo continente. Tuve que esperar a que el tratado de Lisboa tuviera efecto para recién poder realizar sus funciones. Es una pirata, un hacker, término que ella le hace gracia. "Nunca me he considerado una. Ese término está vinculado a la tecnología, ordenadores, programación, seguridad de redes. Yo sólo soy usuaria del software libre", dice. Por otro lado, su partido se 'El Partido Pirata'. Su postura más clara: La eliminación de las patentes en Europa. Es Sueca. Vive en Gent, al oeste de Bélgica, y según dice por tren sólo le tomará veinte minutos para llegar al hemiciclo de Bruselas. "Pero si las sesiones tocan en Estraburgo (Francia), allí si va a estar complicado. Está muy lejos, a cinco horas, y eso tomando el tren más rápido". Habla español, y conversó con este blog.

¿Cómo te sientes ahora que ya estás adentro?
Aliviada, supongo. Ahora puedo cumplir con el encargo de los electores suecos que confiaron en nosotros. también me siento vieja. Leo entrevistas o posts que hice hace años, al poco tiempo de haber sido elegida, y ahora concibo la democracia de otra manera. Europa se ha vuelto más complicado.

¿Defender la piratería te ha traído problemas?
En realidad no. La mayoría de países del mundo, incluso las instituciones más grandes, se han dado cuenta que algo se tiene cambiar en cuanto a propiedad intelectual. Neelie Kroes (política neerlandesa) ya lo dijo: Los ciudadanos piensan que los derechos de autor son un castigo en un lugar de un incentivo cultural.

Pero... ¿qué piensan los autores?
Lo mismo, mucha gente se alegra de ver sus cosas vía youtube, por ejemplo. La red es un espacio cultural. No es comercial como la televisión o la radio; pero es muy participativo y accesible. La cultura no debería estar sujeta a un 'derecho de copiado'. En la red, cada quien puede puede copiar un archivo una infinitud de veces. Y eso es difusión, apoyo, participación en la cultura.

¿Los gringos creen más en los derechos de autor que los europeos?
Tampoco. Los que abogan por ello las discográficas, los distribuidores de películas, las compañías de televisión. Por suerte el streaming online se ha hecho cada vez más común.

En Perú, la cadena Blockbuster quebró hace tiempo. Ahora tenemos un paraíso piratero llamado 'Polvos Azules', donde no sólo encuentras cintas comerciales, sino también independientes.
Ja. ¡Qué bueno! Las copias originales de disco que son vistas como indicativo de cuánto dinero debe ganar su autor por ello, es algo completamente obsoleto. Cuando la gente ve pelis piratas en las calles, piensan en que afecta la distribución; pero está fomentando cultura. En Europa del Este la piratería tuvo un papel primordial para formar una identidad cultural.

¿Y en Europa, cómo va la cosa?
Hace poco el tribunal europeo ha fallado en un importante derecho democrático: El derecho de elegir que información quieren recibir. A mí este tema me parece más importante que los derechos de autor.

¿Cuales son las expectativas del Partido Pirata?
Cambiar el mundo. Estamos en el proceso de profundizar nuestra política. Trabajar en derecho mercantil, derecho de competencia, inversiones de infraestructura.

viernes, 2 de diciembre de 2011

El gran Shingo Araki (1939-2011)

Una de las historias claves para entender el universo del manga y el anime es sin duda 'Saint Seiya' (o 'Caballeros del Zodiaco', nombre nada descabellado, más bien certero si tenemos en cuenta que al inicio de la historia todo es una batalla galáctica). El creador de 'Saint Seiya', Masami Kurumada, tenía las cosas claras en cuanto a su historia: Un grupo de adolescentes vestía ropajes clásicos de guerreros griegos (pero cada uno diseñado de acuerdo a la constelación que representaba) para defender a la diosa Athena. La violencia estaba garantizada (de hecho, en el Japón de a mediados de los ochenta, cuando salió la publicación del manga y el lanzamiento del anime a la vez, ninguna obra tenía la cantidad de sangre que se derrama en esta). La historia es atractiva y juvenil. No obstante, el dibujo de Kurumada, seamos sinceros, era infantil y casi rígido. En mi opinión, si esta historieta llegó a convertirse en animación, fue por una puntual innovación: El ingenioso diseño de las armaduras.

Los productores de Toei Animation entendieron eso y explotaron el tema de las armaduras. En el manga, cada personaje se pone la armadura a mano. En el anime, están flotan con magia y se ensamblan al cuerpo del luchador. Para Kuramada, la armadura era un complemento divertido; para los que animadores que tradujeron su creación, era el todo. Fue por ello, que para el anime se realizó una re concepción del diseño de armaduras, la cual hacía más visual la serie. Como el anime y el manga se publicaban a la par, Kurumada se dio cuenta que el éxito comercial iba por ese lado y empezó a darle énfasis a este tema. No obstante y como dibujante promedio que es, parecía que sobre el papel primero dibujaba los trajes y luego les ponía cabeza. Cuando provees a tus personajes de trajes llenos de pliegues, les imposibilitas el movimiento, gran dilema en un historia donde la pelea corajuda es el eje central. Por el anime, pasaron varios dibujantes, uno de ellos Shingo Araki, el único artista que comprendió la importancia de los movimientos corporales de los personajes. Sin exagerar, es por él que el anime fue un éxito. De hecho, siguió trabajando para las demás sagas de esta serie, siendo la última, la magnífica saga de Hades.

El trazo de Araki es fácilmente reconocible y por ende, es su sello personal. Es la redondez en su máxima expresión. La curva y la ondulación están por todas partes. Sus personajes parecen provistos de extrema delgadez y flexibilidad, debido a ello. En otras palabras, en los diseños de Araki es raro ver pliegues o dobleces exagerados en la ropa (Toriyama, el de 'Dragon Ball', abusa de esto). Para Araki es importante el contorno del cuerpo y el traje es simplemente algo que se ciñe a este. Araki es un maestro en darle a la figura humana el protagonismo, no importa si el traje que usa un personaje es majestuoso, cosa que se evidencia en 'La rosa de Versailles' (Lady Oscar). Otras de sus características es la relación entre el viento y los cabellos de sus personajes. Araki le da a las cabelleras una ondulación degenerada, que rota en un interminable círculo propiciado por la brisa. Esta rotación singular, también se ve en las capas que usan algunos personajes. ¿Qué conseguía con esto? Darle a estos belleza y majestuosidad. Algo que muy rara vez se ve en el anime, debido a la rapidez con la que deben salir las series.


¿Influyó Araki en el anime entonces? Claro que sí. Él, digamos, fue alguien que le dio al dibujo de la figura humana otras dimensiones. De hecho, la rigidez y estatismo de los gráficos de 'Meteoro' son una burla para una serie que quiere trasmitir velocidad. Se podría decir que al final de la década de los 70, cuando las series de robot ya estaban en declive, Araki entendió que era el momento de centrarse en los movimientos del cuerpo humano y llevarlo hasta niveles plásticos. Con ese aporte, es muy posible que los animes de batalla y acción sean lo que son ahora: una factoría de saltos, vuelos y confrontaciones que transgreden la gravedad, dándole a la acción algo de desesperación y vértigo, propio de una batalla de vida o muerte. Araki, diseñador y productor de animación, murió el pasado 1 de diciembre, víctima de una fallo circulatorio agudo. Ya se había retirado, pero hemos perdido a un grande.