jueves, 10 de mayo de 2012

Breve historia de la F (Edición de bolsillo)


Contrariamente a lo que diría Monterroso, el dinosaurio nunca se despertó, ergo, ya no estaba en el planeta. En su lugar, una nueve especie poblaba la faz de tierra, un animal más, pero complejo, de imaginación grande. Un animal que creó el abecedario, la F, una letra que esta raza ha usado desde tiempos inmemorables para referirse a cosas fantásticas, ilusorias y locas. La F, señores, es una de las letras más productivas y abstractas del mundo señores, tanto que la H se quedaría muda. La F, es la letra de la evolución humana y de su fatalidad.

Veamos. Hace millones de años, el hombre, aún lleno de pelos, con el falo al aire libre y emanando fétido olor, ya había empezado a bautizar palabras con f a aquellas cosas que le parecían bellas. Estaba así la fruta, la flor, porque esas cosas fermosas, como diría Cervantes, o formosus como dirían en latín. Y claro, el agua le pareció celestial, pero como aún no había llegado a la costa y su primer encuentro mojado fue con una porción de cristalino H20 rodeado de tierra, la llamó fons (fuente). Y bueno, si hasta ahora creen que un fruto le abrió los ojos al hombre, pues se equivocan, fue el agua: Al verse reflejado en ella, este peludo ser se descubrió feo, descubrió que su rostro tenía forma, figura, y la llamó frons o facies, es decir, cara. Con el agua, el cavernícola aprendió a ser metrosexual: Aprendió a bañarse (para oler rico y olerte mejor, Lobo dixit), aprendió a afeitarse y -lo más jodido de todo -aprendió a admirarse. Sí lectores, el agua da vida, pero también alimentó la ilusión humana. Y bueno, para aquellas feministas que leen, quizá sí fue una mujer la primera en mirar su reflejo (De hecho suena más lógico y ya podemos imaginar a Vilma Picapiedra decirle a Pedro 'Ven, mira a través de esta fuente, te dije que tú eras el feo y yo la regia).

Y así pues, queridos lectores mientras la fémina usaba la fuente para arreglarse y usar pétalos para maquillarse; el varón -entre loco, estúpido y perceptivo- trató de averiguar qué carajos existía en el fondo del mar, y así como jugando descubrió el fish. Y como ya tenía flora y fauna, profundizó en el reino marino, llegando a la alucinación. Y así, el hombre -ya más racional- empezó a fantasear, a fablar, fabulari, sobre todas esas cosas que pasaban por su cabecita. Concibió Atlantis. Y de la fábula pasó a la ficción (ya en tiempos de imprenta) y la ficción se volvió ciencia y abordó hechos (facta, facts) del futuro. La F, esa la letra de la fantasía.

Pero un aguafiestas pensó y llegó a la conclusión de que las palabras cuyo origen venía de la bien formada f eran falsas, fakes, falaces. Y así señores, donde le poeta veía hermosura, el realista veía mentira. Pero eso no detuvo a los filósofos antiguos, los cuales siguieron metiendo floro, puesto que su misión era embellecer la especie humana, echarle flores. Y para que los anti-F no se quejen, los pro-F empezaron a usar palabras con la letra sagrada para designar a la gente que más querían: Léase familia, filius, filia, frater y todos esos vocablos bien usados por Vito Corleone. Y en el proceso de humanizar la F, nació el Renacimiento.

Entonces el hombre empezó a hacer cosas más tangibles. En la France, se rindió culto al amor y al arte de la fornicación. Y cómo no, a la fragancia. Inglaterra le rindió pleitesía al fierro y a las factories. Y todo era vapor (foam). En Alemania, todavía había cierta abstracción, pero en lugar de orientarse a fábulas locas, se dedicaron a la física (Einstein saca la lengua).

En América, todo era folclor, nació la mejor música. El folk, el funky y todo tenía flow. Hasta que otra vez, la obsesión por retratar la figura humana: Se inventó la foto y, claro está, el filme. Y el hombre lo podía todo. Fue entonces cuando Nietszche inventó a Superman y sus compatriotas al Führer. La guerra jodió a todos. Fuck! Y eso nos lleva a nuestros días: El hombre harto de tanta atrocidad, se dijo que era tiempo de hacer cosas de bien. Lamentablemente, ha terminado siendo falso. Un hipócrita.

Tranquilos. Ya vamos a terminar... Edición de bolsillo, al fin y al cabo.

Como nunca entonces, el hombre se dijo: 'Quiero ser feliz'. Pero, señores, el hombre es bruto, y como a veces la vida es circular, el hombre de este milenio despertó el cavernícola que lleva adentro. Porque la única forma que el hombre conoce hacer cosas fermosas -como diría Cervantes -es exteriormente, no interiormente. Porque el hombre es pues, en el fondo, el cavernícola, mirando su reflejo en el agua, así como es también el atleta griego orgulloso su fiera contextura. Se concentró en lo físico, en la forma, en la fachada. Nació lo fashion, porque la vanidad era justa, ¿sino o no Vanity Fair? Se educó a las masas a cincelar el cuerpo con fajas a la flacura, a ser famélico para lucir bien. Verse fino es consigna, la farsa está a la orden del día, la fanfarronada crece. Pero el hombre no quiere morir, tiene miedo al dolor, a fenecer, al fin. Y afuera, todo bello; pero adentro se multiplican las fobias, a veces curadas con fármacos. Porque el hombre debe prevalecer, cruzar las fronteras, de vez en cuanto cagarse en otro hombre decir: 'Hemos hecho un faenón'. O cagarse también en un animal y llamarlo faena taurina. El hombre necesita ser amado, tener followers, un facebook, espacios de falsedad donde un friend no es tu friend, porque no lo ves face to face. Y quizá, cuando ese flaco dueño del mundo, note que tiene algo de poder, saldrá a fustigar gente, no permitirá que lo fastidien públicamente, y aparecerá en televisión -creyéndose dueño de la razón -con un polo blanco con la frase escrita: 100% Fabulosidad.

Mis falanges ya no me son fieles. Hora de fumar.

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