El fin de semana pasado fue deportivo. Tuvimos primero el dramático partido final de la Champions, compuesto por una Drogbamanía y una sesión de penales que se tumbó al favorito Bayern. Más tarde, en una especie de plato de fondo, el espectáculo boxístico en el Callao, cuyos protagonistas -bañados de calor popular, sangre, sudor y polémica -, los púgiles Kina Malpartida y Jonathan Maicelo. A Kina la acusan de payasa (Si leemos decir a Kike Pérez decir que las defensas de Kina han sido payasadas y la boxeadora, como gestora de sus peleas, orquesta las payasadas, ergo, Kina es una comediante, una narradora de chistes). Maicelo en cambio, es el farandulero de la semana.
Yo no sé qué pasará por la cabeza de Jonathan Maicelo Román, peleador de 28 años, originario de El Callao, Alguna vocecita un poco imprudente, le susurró al oído que luego de su pelea con el ecuatoriano Fernando Angulo, era menester colgar las fotos de su hinchado rostro tanto en Facebook (nunca el nombrecito sonó más propicio) y Twitter. Yo no sé si su propósito era presentar heridas de batalla como un gran guerrero. El hecho es que la foto sirvió para que muchos se rieran, lo trollearan al estilo 9GAG y se comprobara que Angulo le había destrozado la cara y quizá el ego. A Maicelo le habían sacado la mierda.
En Perú, un gran porcentaje de la población tiene alergia a la arrogancia, aunque en este país arrogancia también signifique la sobre exposición en los medios de comunicación. La cosa se aplica no solo a arrogantes nacionales, sino también a figurines foráneos. Al peruano común no le cae bien Cristiano, porque Ronaldo sólo hay uno (el pelado dientón) y porque el portugués es un posero. Hace poco, al peruano común dio por culminado un idilio-admiración con Messi, porque ya está harto de oír que es el mejor del mundo. Al peruano no le gusta el que se cree campeón. Al peruano le gusta la humildad. Cuando Maicelo -quien además de soportar el ardor de la paliza del sábado también lidiaba con las críticas del público -dijo una frase que ya es un clásico nacional cuando un peruano siente que le están haciendo callejón oscuro: "Basta ya de criticarnos entre peruanos". Ese tipo de frases me aburre. Decir aquello equivale a decir que el peruano es el único envidioso y cagón del mundo. Sería el colmo pues, nosotros que juramos que el pisco y el cebiche son más ricos acá, decir que la envidia es más rica y picante también en estas tierras. Y yo me imagino que los antiguos latinos y el filósofo Thomas Hobbes deben estar revolcándose de la risa al comprobar que la alocución Homo homini lupus (El hombre es el lobo para el hombre) ahora es de nacionalidad peruana... Pero ya me fui por la tangente...
Tanto Maicelo como Kina, además de boxeadores son personajes. Son rostros. Son figuras. Si ambos salen en comerciales y si ambos son mediáticos, se lo han ganado, más que todo este país que necesita de héroes. Maicelo puede hacer cuantas publicidades quiera. Puede hablar como Anahí de Cárdenas cuantas veces quiera también. Pero mete la pata al pensar que su vida gira en torno a eso. Si entramos a su página maicelo.com, descubriremos que su web está llena de videos con las publicidades que ha hecho hasta el momento. Es más, la página también ofrece las veces en las que Maicelo ha parecido de invitado en algún programa de televisión. La página de Kina no cae en ese burdo propagandismo. Maicelo ha alucinado que es una estrella y eso le está consumiendo la cabeza. Jonathan, batería, la fama también es una droga. Lo peor: Su actitud de barrio (muy chalaco él) acentúa las cosas. Consecuencia: Maicelo se cree Gokú. O peor aún, por su cabeza podría pasar que es uno de esos gangsta de Estados Unidos que se creen bacanes por vestir bling-bling. Quieren dar miedo, pero dan risa.
Pero... ¿Kina fue abusiva al pelear con una talandesa de 19 años a la que destruyó sin misericordia?
Eso, en otro post

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