En los 60, cuando la DC regía el mundo de los comics, a la Marvel se le ocurrió hacer a sus superhéroes menos súper y más humanos. Cuenta la leyenda que es incitador de este giro fue Stan Lee; leyenda pues su partner Jack Kirby se autoproclama como el impulsor de esa tendencia, acusando que Stan Lee no tenía el ingenio para forjar una revolución. Hoy por hoy, con el boom de las adaptaciones de cómic al cine, pocas -casi ninguna- son las cintas que velan por el lado humano del vigilante enmascarado. El Batman (héroe bandera de la DC) de Nolan linda con la humanización del héroe -sobretodo en Batman begins - para luego desbandarse por la maldad inteligente de magistral Joker, en The Dark Knight. Lo curioso: esto no se ha visto con los hérores de la casa Marvel: Los cuatro fantasticos son un bodrio, Hulk es imposible que explote lo humano cuando su protagonista es un gigante verde y sus entregas parecen repetitivas, Iron Man tiene a Robert Downey Jr., quien es genial pero la historia parece ser no la de Tony Stark, sino la de cómo RDJr se pone un traje de metal; El Capitán América es un héroe sin sentido en estos tiempos y Los Vengadores está hecho para matarse de risa. El lado humano recién llegó con este nuevo Spider-Man dirigido por Marc Webb.
Peter Parker (Andrew Garfield) es un adolescente que aún no ha superado la pérdida de sus padres. Vive en conflicto interno y en la escuela no es un nerd, más bien es un skater, aunque eso no lo aleja del lorneo de cada día. El Peter Parker de Webb es como Marty McFly, pero sin máquina del tiempo para resolver los dilemas del pasado. Sus tíos Ben (Martin Sheen) y May (Sally Field) no son edulcorantes como los de las anteriores películas. Esta May es conciliadora pero no entiende a su sobrino quien está en la etapa Incomprendido que tanto pregona una publcidad de helado. Este Ben no sale con la ya aburrida frase 'Un gran poder conlleva a una gran responsabilidad', sino que grita, seromonea y orienta a su sobrino con palabras de un adulto promedio que debe dialogar con un chiquillo. Este Ben incluso es criollazo y no duda en ridiculizar a su sobrino delante de la chica que le gusta, Gwen Stacy (Emma Stone) al delatarlo como un fan enamorado que tiene la foto de su musa de fondo de pantalla. La torpeza de Peter con Gwen, por su parte, es célebre; una timidez que ni siquiera se aminora cuando Peter debería creerse dueño del mundo al ser ya un bad boy con malla. Y es que incluso cuando adquiere sus poderes es tremendamente torpe y la escena en la que hace desastres en el baño por no saber controlar su fuerza mientras guitarreos y aullidos metal acompañan la acción tiene harta gracia.
Si en el cómic y las adaptaciones de Sam Raimi, el joven hombre araña sufre y delira por la muerte de su tío Ben, en esta versión, dicha pérdida sólo lo impulsó a una venganza sin fin. Por ello, los primeros minutos de The Amazing Spider-Man son los más deliciosos, pero la llegada del enemigo de turno, El Lagarto, se echa abajo esa exquisitez, pese a que Rhys Ifans hace un gran papel cuando hace del Dr. Connor antes de mutar. El problema de esta cinta radica entonces en la elección del villano, pues si quieres humanizar a un superhéroe también debes hacerlo pelear con otro humano conflictuado. Claro, el Dr. Connor no tiene un brazo, y pese a que busca un método para regenerar miembros, sicológicamente está sano. Verlo convertido en un Lagarto loco de pronto parece una estupidez.
En efecto, el problema es la mostruosidad del villano. Que Peter Parker, flamante Hombre Araña pase de luchar contra delincuentes y policías de pronto de enfrente a un gigante escamoso y... ¡Con la ayuda de su novia! es una cruzada demencial. El Batman de Nolan primero luchó contra su maestro, y luego contra un Joker agudo, pero jamás contra un fenómeno. No por nada Nolan se negó a hacer pelear a su Batman contra mutantes como El Pingüino o Hombre de Barro.
Pero bueno, digamos que la elección del reptil es inevitable. Pues entonces, hagamos que su mutación sea a la par con la Spider-Man y no forzar a que este se convierta de inmediato en un freak verde. Hubiera sido una mejor cinta si Spider-Man luchaba contra una red de delicuentes, además de con las fuezas policiales.
La ridiculez llega a su clímax cuando un grupo de grúas ayuda a Spider a que llegue a torre de Oscorp. Esa es quizá la parte más irreal de la cinta. Por cierto: Por alguna razón la batalla final siempre tiene que ser épica y en Hollywood, se entiende que lo épico debe desarrollarse en una torre alta, desde King Kong, pasando por el Batman de Tim Burton, Duro de Matar u otros filmes. Está bien que SpiderMman sea un trepador de rascacielos, pero un ring más decente hubiera sido la alcantarilla donde se refugiaba El Lagarto.
Pese a esto, la entrega de Webb es más clara y más madura que la trilogía tonta e infantil ideada por Raimi.



q opinas dela intepretacion Emma stone en el personaje Gwen Stacy......
ResponderEliminarUno: Gwen Stacy como personaje en la cinta es una muestra más de esta moda cinematográfica de que las mujeres ya no son más las chicas que rescatar en el castillo. Esta Gwen Stacy grita menos que la Mary Jane de las anteriores entregas. Los aullidos de Kirsten Dunst era algo que debía ser eliminado en la trilogía pasada y sin embargo hubo gritos para rato. Stacy es una joven que en lugar de dama en apuros es partner y cómplice (delictiva) del arácnido vigilante, Por ello -vuelvo al tema de la batalla final - no había necesidad de desarrollar el enfrentamiento contra El Lagarto (El maligno dragón) en una alta torre (metáfora del castillo), pues no hay doncella indefensa que rescatar.
EliminarDos: Si bien Stacy era cómplice de la aventura, la actuación de Emma Stone no se luce del todo y es devorada por las interpretaciones de Martin Sheen y el mismo Andrew Garfield. Emma Stone cumple, y sólo nos muestra el carisma que ya tenía en The Help o en su primera cinta Superbad.