Esta es una entrevista que realicé el años pasado al fotógrafo estadounidense J Henry Fair, quien también es activista a favor del medio ambiente. Esta serie de imágenes, forman parte de su trabajo más conocido: Industrial Scars, un proyecto que muestra tomas desde el aire de paisajes (en su mayoría tomados en las costas de Estados Unidos) dañados por la sociedad de consumo y las grandes corporaciones.
¿Cómo empezó esta aventura de las tomas aéreas?
He estado siempre fascinado por lo industrial, las ruinas y lo ambiental y eso es lo que me he dedicado a fotografiar (incluyendo un viaje a Cusco y a Machu Picchu). A través de los años, he tratado de combinar estas tres y así fui acumlando imágenes que mostraban alguno que otro problema ambiental. Pero había un detalle: Cuando hacía tomas de las zonas afectadas, me era imposible verlas como yo quería, porque estaban, digamos, protegidas por una cerca. Eso hasta que en un viaje comercial miré por la ventana y pude observar una planta de energía cerca de un río, rodeada de vapor. Después de eso me dije que lo único que debía hacer era alquilar una avioneta y sobrevolar los lugares para fotografiarlos.
¿El arte es una buena vía para denunciar?
Qué nos queda. Hemos discutido sobre el tema ambiental por años sin ningún progreso. Los políticos dicen las mismas promesas vacías de siempre, mientras las compañías siguen haciendo dinero pese a la contanimación. Si la gente dejara de compar papel higuiénico hecho de árbalos viejos, yo creo que las papeleras dejarían de producirlas, así de simple. El arte está para inspirar a la gente, para que se cuestionen y finalmente actúen, que todos se den cuenta del vínculo que existe entre ellos y el mundo que los rodea. La idea que es que el consumidor se convierta en lo que en realidad debería ser: un ciudadano. Y por ciudadano entiendo a aquel que interviene en el desarrollo de lo que lo rodea.

En tus tomas, el petroleo sobre el agua luce como una acuarela. ¿Es un riesgo apreciar belleza cuando quieres mostrar devastación?
Las imágenes funcionan precisamente por su misma disonancia. El ojo y el cerebro del observador, pueden apreciar la belleza, pero luego la mente cae en la cuenta que se trata de una imagen desagradable. Este conflicto congnitivo estimula nuestro interés. Si la imagen fuera la típica toma de la tala de un árbol o de pájaros manchados de petróleo, nos olvidaríamos de ellas de inmediato porque ya hemos visto ese tipo de escenas anteriormente. Es como más de lo mismo.
¿Has logrado el impacto que querías con tu arte?
La humanidad entera es buena reaccionando ante el peligro inmediato, pero su respuesta demora cuando se trata de problemas a largo plazo. La reacción ante el tema ambiental suele recaer en el segundo tipo: Nadie ve, huele o oye los problemas amorfos y complejos. Los individuos que han cambiado de comportamiento gracias a mi labor son muchos. Ellos asisten a mis exhibiciones, a mis ponencias y me alegra oírlos decir que mis palabras les han generado conciencia, ya sea apagando una luz, escogiendo mejores medios de transporte o cuando renuncian a comer carne. Eso es satisfactorio.

'Industrial Scars' se limita a Texas, Virginia y el Golfo de México. ¿Qué otros lugares del mundo elegirías para una segunda entrega?
Rusia y China están en mi lista, pero incolucran mucho presupuesto y una larga pre-producción, visas, apoyo logístico, etc. Es más, me he topado con lugares donde es imposible conseguir un permiso para volar, como Singapur. Pero no me desanimo. Tengo en mente -y en mi lista- trabajar en los desechos plásicos que flotan sobre el oceano, la fundición de aluminio al norte de Islandia, la perforación petrolífica en el Ártico y la explotación minera en Indonesia.
Me decías que visitaste Cusco...
Sí, pero fue en los 90. Fue un trabajo ajeno a 'Industrial Scars'. Mucho más social, donde fotografiaba a algunas comunidades e indígenas.


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