Minnie: Are you fucking crazy?
Mickey: No, I'm fucking Daisy.
Tres círculos. Uno en forma de cara y dos pequeños forma de orejas. Eso es Mickey Mouse, la primera creación de Walt Disney, quizá el primer personaje animado y el más inmortal.
No soy un renegón ácido que pretende percudir infancias. Tampoco vengo a decirles que los cartoons de Disney son basura infantil. Si quieren leer ese tipo de comentarios seudo culturales que desprotican contra Disney o que la erigen como símbolo imperialista, mejor lean otro blog.
La verdad es que los cortos de Mickey son gratos, pues -inspirada en la tradición chapliniana- son la perfecta combinación entre música y acción. Eran puro humor. Además de que tener al torpe de Goofy y al renegón de Donald hacían de estos dibujos algo inolvidable.
No obstante, cuando Disney se decidió a hacer su primer largometraje (Blancanieves, claro está) optó por lo lacrimógeno. Diagamos que era necesario. Según lo enseñado por Chaplin, un largometraje no podía sostenerse solo de situaciones hilarantes, algo de dolor también debía ser parte del menú. No obstante a Disney se le pasó la mano, y hoy por hoy el lloriqueo es como una marca registrada de la factoría. 'Dumbo' hace llorar, pues el orejón es un marginado. 'El Rey León' (copia burda y sin derechos de autor del Kimba japonés) es un drama shakesperiano. 'Up', la del niño gordo que conoce un abuelo que hace flotar su casa con globos, posee los primeros minutos más lacrimógenos y crueles. ¿Un niño ve eso? Así es y sin anestesia.
Disney también fue un adaptador de clásicos. Y no sólo los adaptó, sino que los convirtió en suyos. Las princesas y príncipes fueron su fijación. Se dice que Dinsey hizo una versión pronográfica de Blancanieves para el deleite de su staff. Se dice también que todas las mujeres Disney tienen la misma cara y que los príncipes son más femeninos que sus parejas. Ver sexo, homosexualidad y perversión en las cintas de Disney es un clásico.
En uno de los episodios de South Park se hace mofa de los Jonas Brothers (grupo creación de Disney) puesto que aquello de los anillos de castidad que usa el trío de músicos -según South Park- era un artilugio para que se tocara implítamente el tema sexual y mantenga calientes a las fánaticas. Cierto o no, los artistas salidos de Disney Channel han acabado mal, siendo Lindsay Lohan la abanderada de esta corruptela.
Ver la cochinadita en cualquier dibujo animado es un síntoma general. Es como un defecto muy humano tratar de manchar los recuerdos infantiles con la pútrida realidad. Es el eterno juego de los desencantados que trata de traerse abajo a la animación full color. El último intento de esa índole, proviene de un joven artista mexicano llamado José Rodolfo Loaiza Ontiveros, quien ya vendió gran parte de sus piezas bautizada 'War Dirty' y que aterriza al edulcorante mundo de Disney a los males y modales modernos. Eso sí es pornografía. Al fin ya al cabo, el término porno sirve para identificar a lo explícito, sea sexual o de cualquier tipo.



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