Hace poco visité el centro cultural de la PUCP, en el cual se exhiben los trabajos participantes de 'Pasaporte para un artista'. Uno de estos experimentos -oculto en un tenebroso cuarto blanco, color insufrible propio de las galerías -, presentaba un muñeco de He-Man pero con la cara de Miguel Grau Seminario, héroe peruano que batalló navalmente contra los chilenos. No sé si decapitar al poseedor de la espada de Grayskull para colocarle la cabeza del barbudo almirante sea arte, más bien ver ese muñeco podría hasta producir la risotada que es como ocurrió conmigo. O sea, si la intención del artista en cuestión fue caricaturizar y hasta ridiculizar al héroe máximo de la marina del Perú, al comandante del Huáscar, pues la hizo linda. Si su propósito fue darle un carácter popular, pues falló. Ese tipo de collages solo sirven con ciertos personajes de nuestro rico folklore. O sea, es más inteligente poner a Sergio Markarián (director técnico de nuestra selección de fútbol) en un estampita y vestirlo de santo. Es más grato colocar a Paolo Guerrero (el nueve de nuestra selección) en un billete de doscientos soles. Paolo en un billete no se ve ridículo. Se ve -y he aquí al punto al que quiero llegar -heroico.
Un artista no puede convertir a un héroe real (Ya sea Bolognesi o Alfonso Ugarte en un superhéroe). El pueblo (quizá algunos fanáticos de la prensa) si tiene la capacidad de vestir a un jugador de fútbol en un soldado patrio, sobre todo si estás a pocas horas de un encuentro futbolístico contra Chile, rival histórico. Lo gracioso de este partido de fútbol (que en realidad no es un clásico de clásicos como muchos tratan de vendernos) es que sirve de revancha, de reivindicación cíclica a la derrota militar que marcó nuestro provenir en el mundo: La guerra del Pacífico. O sea, inconscientemente, el peruano común cree que la selección peruana es una tropa militar. La misma camiseta de la selección parece diseñada a propósito, pues esa franja roja que cruza el atuendo bien podría verse como una banda que usaban los antiguos húsares. Los peruanos creen que están disputando la guerra del Pacífico otra vez. "Perú no tiene jugadores, tiene gladiadores", rezó el cartel de un hincha peruano que recibió a nuestro equipo de fútbol en Santiago. "Hoy recuperamos el morro (en referencia al morro de Arica)", anunció otro, también en un cartel. ¿Es valido el patriotismo exagerado en el fútbol? Sin ir muy lejos, Argentina e Inglaterra pasan por la misma situación, debido a la guerra de las Malvinas. El escritor español Rafael Sánchez Ferlosio explica en El País: "Al carecer de cualquier otro posible contenido que no sea el del crudo y desnudo antagonismo, el deporte competitivo es especialmente idóneo para encarar formas análogas a la del patriotismo (...) La reciente proliferación de banderas en las manifestaciones políticas se ha inspirado seguramente en el auge inmenso que en estos últimos años han tomado las prendas de colores heráldicos en los estadios de fútbol". De hecho, la presencia de banderas en los estadios le da el toque patriótico a la cosa. Pero no todo se limita al fútbol. La federación venezolana de béisbol rezaba: "Hacer deporte es hacer patria". Por otro lado, el deporte de grupo lleva consigo el compañerismo y la entrega, propias del militarismo.
Paolo Guerrero es un héroe. El héroe del pueblo. Puede ser que el jugador del Hamburgo simplemente llegue al arco y anote pues su técnica es genial, "es su trabajo", como dirían por allí, pero el hincha no lo ve así. Para el hincha Paolo Guerrero se saca la mierda jugando al fútbol defendiendo los colores patrios. Y cuando entra área rival, remite a una invasión territorial tan propio de la guerra. Un colega que labora en Chile me cuenta que los locales de esta noche no ven el partido con tanto patriotismo como lo vemos nosotros.
No sé si creerle.

Fotomontaje de Wolverine: Jorge Aguilar

Los héroes están porque la sociedad los necesita. Quizás Miguel Grau se hubiese visto bien en esa estatuilla en su tiempo. O quizás Paolo Guerrero leyenda de hoy se perciba diferente 100 años después.
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